¿El texto es cómo yo o yo soy cómo el texto?
El texto es
como yo
Cuando hablamos de la
interpretación de un texto se suele admitir que no existe una única interpretación
posible y a su vez, que no todas las lecturas son igual de legítimas. Si bien
no existe algo así como, una interpretación incorrecta, si hay unas más viables
que otras. Definitivamente
se necesita de la interpretación de una persona para que el texto cobre
sentido, de esta manera el texto es real y completamente un texto cuando alguien lo interpreta.
Melich dice que el
texto es como otro, y ese otro está
representado por quien lo lee. Es decir que, aquel lector que con sus pupilas
hambrientas recorre las líneas de un texto, automáticamente va a compenetrarse
con el texto que se va a convertir en una suerte de espejo que refracta el
pensamiento, las vivencias, ideas y deseos del lector. De esta manera, el texto adquiere sentido y es como otro,
como ese que lo lee. Quien lo dota de sentido filtrando con su mente lo que lee
y formando sus propias ideas.
“Solemos denominar «palimpsestos» a los códices escritos sobre folios de pergamino cuya primera escritura se eliminó mediante lavado o raspado para poder transcribir sobre ese mismo pergamino un segundo texto” (Escobar 16). Nos interesa la figura del palimpsesto porque designa un texto en el que conviven al menos dos escrituras diversas: la scriptio inferior, la más antigua, y la scriptio superior, la más reciente. ¿Por qué no pensar que cada lectura sería la scriptio superior
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